Fuera de lugar. Ajena. Extraña. Existiendo lejana, dentro de mi mundo lejano que está dentro del mundo en el que están los demás y las cosas.
Inoportuna. Excesiva. Como si invadiera, sin hacerme nunca parte propia de los lugares en los que me encuentro. Como una invitada en los espacios en los que debo estar y a los que acudo a diario.
Sólo en casa me siento cómoda: el lugar donde coinciden mi mundo y el mundo.
Sentada en el suelo. Sin zapatos. Intensiva. En casa. Sintiéndome más yo que nunca, sin haber dejado de ser yo en ningún lugar o momento. Sin las ganas de llorar que he reservado para ese instante de intimidad durante todo el día. Sin temores. Vacía de defectos y virtudes, porque nadie me mira. Sólo tú. Y yo, que ya no me juzgo, ni me mido, que ya no cuantifico las victorias o los fracasos. Yo, que ya me siento agusto sólo con estar, sin deber ser y aunque no sea nada. Sin nadie con quien se me pueda comparar.
Y sólo entonces todo fluye natural y no necesito nada... más que a ti.
1 comentario:
uf..me siento totalmente identificada, después de 12 mudanzas y de haberme sentido toda mi vida fuera de lugar. O como decía mi abuela:"como la falsa moneda, que pasa de mano en mano pero nadie se la queda"
Y ahora por fin vivo en una casa que es como una extensión de mi cuerpo y de mi alma.
A veces pienso que en el mundo el sosiego está infravalorado...
Publicar un comentario