
Ayer, Javier Montalvo publicaba el artículo "Oportunidades y Peligros de la Estatalización", en uno de los más importantes diarios económicos digitales de nuestro país. Me resultaba tremendamente llamativo cómo hemos pasado de hablar tímidamente de la necesaria intervención pública en la corrección de los problemas cíclicos del capitalismo, a plantear abiertamente las posibilidades de estatalización.
Las normas jurídicas comunitarias que regulan la intervención de las Administraciones Públicas en el Mercado fueron especialmente restrictivas al establecer los límites de esta función. Las democracias europeas ataban fuertemente su participación en competencia y reducían al máximo su capacidad de actuación como entes públicos. No debía quedar ninguna duda: los europeos serían tanto o más capitalistas que los americanos.
Pero estas premisas, que funcionan adecuadamente en los tiempos de bienestar económico, se "atragantan" con las dificultades surgidas en los ciclos de recesión. Y entonces los políticos y los juristas retuercen y exprimen la legislación buscando ese lugar donde escribieron el "pudieren".
Y parece que en esas nos encontramos, haciéndonos un amplio abrigo con unos retales de facultades. Los rescates de grandes bancos están a la orden del día, pero tuvieron que dar ese primer gran paso los EE.UU., para que Europa se lanzara a salvar a algunas de las que son sus mayores entidades financieras. Y ahora, incluso, estamos pensando en la estatalización de las comunicaciones y otros sectores de la economía en los que falla el Mercado. ¡Vaya! Precisamente ahora que España se había desprendido de todos sus monopolios estatales.
Nada de esto es evitable, cuando decidimos siempre tarde, esperando la aprobación de los demás. Puede que esta Europa no sea tan capitalista como queríamos hacer ver. Puede que en el fondo esto no haya sido más que una moda, una tendencia que no hemos querido obviar. Y puede que ahora tomemos nuestras propias decisiones y construyamos un esquema propio en el que el Mercado sepa convivir con las políticas estatales destinadas al bienestar económico y social.
Creo que, hasta los más conservadores, deberían alegrarse de que Zapatero esté presente en la cumbre del G-20, para representar a esa parte de Europa que no se desvive por ser un país "yupi-capitalista" y que pretende afrontar esa difícil tarea de encontrar el equilibrio de economía de mercado e intervención correctora.
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