
Es un nexo común entre todas las teorías económicas tener por finalidad la construcción de la justicia social a través de un sistema de economía adecuado. Aquello que cada corriente considera "lo justo", tiene más trascendencia que una simple vocación, en tanto que determina el modo en que debe articularse la economía para alcanzarlo. Y es un buen comienzo, para entender el capitalismo, conocer el lugar (la manera de ser justos) a la que se dirige y las premisas que, en virtud de ello, sirven de cimientos a esta línea de pensamiento.
Quiero pensar que erraron, que no tuvieron la suficiente agilidad para verlo. Me niego a creer que Adam Smith y todos los seguidores de las doctrinas liberalistas y neoliberalistas conocían el talón de Aquiles de las mismas y, aún así, las apoyaron.
Y es que el capitalismo, en tanto que se configura como modo de alcanzar lo justo entre los hombres, adolece de un gran fallo que desestabiliza su base y lo hace tambalearse: la presunción de igualdad de oportunidades y las teorías del mérito.
Quiero pensar que sus defensores obviaron que tal igualdad resulta impedida por el propio capitalismo y que, en tanto que la impide, limita la libertad de las personas.
Y es que los hombres ni siquiera son iguales al nacer: no todos los niños tienen médicos esperando que lleguen a la vida, ni tienen el mismo hogar o entorno adecuado, para desarrollar libremente aquello que pudieran ser en sus vida. Jamás el capitalismo permitió a un pobre elegir entre las mejores universidades privadas del país. Y de estos niños desiguales, crecen hombres y mujeres desiguales, sin que las mismas oportunidades los llamen, para elegir si las toman. Y existe un pensamiento conformista en torno a todo esto que es casi unánime en el mundo occidental y que frecuentemente resulta incuestionado.
No cabe otro modo de resolver esta deficiencia que la intervención del Estado del bienestar. Una fuerte y proporcionada intervención del Estado, que nos acerce a esa auténtica igualdad. Que ofrezca las mismas oportunidades a cada persona, con independencia de su origen. Y sólo así, podremos valorar el mérito de cada cuál. Porque sólo partiendo de la misma línea de meta, compiten los atletas en justicia.
Porque sólo la igualdad nos garantiza auténtica libertad de elección en la vida.
1 comentario:
Estoy completamente de acuerdo con que sólo la igualdad de oportunidades puede hacer que haya verdadera justicia y libertad, siendo para ello necesario un Estado intervencionista.
El problema radica -a mi juicio- en que si el Estado es muy intervencionista -como lo sería el comunista- y el país no cuenta con una población culta, atenta a la actividad de los políticos, suficientemente organizada y que tenga los medios adecuados (políticos y jurídicos) para actuar con eficacia frente a los posibles abusos o injusticias que puedan cometer los gobernantes, ese Estado comunista puede degenerar en tiranía, como pasó con la URSS de Stalin. Supongo que todo depende de que "realmente" haya democracia y el Gobierno y la Administración no se hallen corrompidas.
Sobre esto mantuve una discusión con alguien que visitó mi blog. Si quieres leerla, fíjate en los comentarios: http://el-abogado-de-sofia.blogspot.com/2008/10/juventud-y-vejez.html
Por cierto, te he agregado a mi lista de blogs.
¡Un saludo!
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